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jueves, 30 de diciembre de 2010

Primavera en soledad

   Un día más en su vida, sólo eso es. Un día más acompañado por su soledad. Solo, sentado, contempla las nubes pasar por debajo de los rayos del sol desde su balcón. Escucha el interminable coro musical de los pájaros felices y se deleita pensando que es un día en el que todo el mundo comienza a amar porque así lo imponen en la televisión, diarios y revistas de la actualidad; los obligan a enamorarse, la sociedad se inyecta de amor como un drogadicto se introduce heroína sabiendo que le afectará, pero no le importa. Es 21 de septiembre. Un día de mierda.
   Él nunca fue amado por nadie y la soledad entró en su vida hasta formar parte de la misma. Ella se adueñó de su ser y lo enamoró. Él no ama a nadie y no tiene novia porque la soledad está allí, la tiene a ella y no necesita a nadie más.   

   Ahora, deja que el tiempo escape de su percepción lógica y observa a los kamikazes del amor armados de flores dirigirse a las grandes plazas de la ciudad en busca del amor falso y descartable, en busca de sus mujeres dispuestas a rendirse ante el ataque de pétalos y espinas. Pero a él no le importa. Tiene todo lo que necesita.
    El sol está atacando, con sus fotones repletos de energía, con intensidad la jungla de cemento y el calor azota la superficie de asfalto veterano; las avenidas reflejan una realidad borrosa pero mucho mejor, un espejismo cruel de la humanidad. La tarde es calurosa y colorida a la vez. Las flores se abren para darle la bienvenida a la primavera (y a las sustancias venéreas que flotan en el aire).

   (un polvo a distancia, así se reproducen las malditas plantas)

   Él observa desde el balcón de su departamento, que se encuentra en el quinto piso, hacia la plaza de enfrente. Ve las decenas de grupos de dos, tres, cuatro o más individuos sentados en el césped de la plaza, disfrutando de un día que no les pertenece.

    (al menos son felices y están acompañados por otros que los quieren. En cambio vos estás solo... SOLO, y nadie te quiere)

    (mentira, yo tengo a mi soledad y ella me quiere, siempre será mi fiel aliada)

    Suena la alarma del reloj, las tres de la tarde. Llegó la hora de acabar con todo.

   (es la hora. Tú eliges, tienes dos opciones: o quitas el rifle de su oscuro escondite y empiezas a disparar a la multitud o te subes a la cornisa y te arrojas al vacío)

   Sin vacilar elije tomar el rifle con mira telescópica que tiene debajo de la cama.

   Ahora, sentado y con el rifle sobre la barandilla, piensa en la otra opción. Sería rápido y sin causar dolor a nadie, un suicidio durante la tarde del principio de primavera es absurdo, pero probable. ¿Qué debería hacer? ¿Qué le diría la soledad? ¿Qué opción elegiría ella? Es difícil saberlo, la soledad es su amante, pero nunca le habla. Ridículo, el suicidio no es una opción, es una estupidez. Entonces acerca su ojo a la mira del rifle y se prepara para iniciar la caza del amor.

   Suena el timbre de la puerta. Alguien llama. Alguien vino a visitarlo y desearle una "feliz primavera". Alguien evita la primavera sangrienta. Alguien evita la cacería del amor.

    Pero ese alguien no evita que la locura florezca.




2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  2. Un relato de pesimismo contagioso, que a la vez está lleno de sentimientos. Un Cristian estado puro, en un momento de desahogo.
    Te felicito, no sé cómo no leí este relato antes.
    Saludos.

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