Mi lista de blogs

domingo, 7 de octubre de 2012

Eterno sueño de un amor olvidado (Versión poema)


Eterno sueño de un amor olvidado (Versión poema)

   Este es el producto de un enorme pero hermoso esfuerzo por revivir un relato que debió ser poema desde un principio. El relato original está dirigido a una persona que nunca supo apreciar (o amar) lo que le ofrecía. El relato a mí me gusta demasiado. Por esa razón decidí revivirlo en un intento por hacerlo poema. Es una historia con demasiados desvaríos, al menos yo la entiendo. Queda a tu criterio darle la sentencia final. Nadie revisó el poema, sepan que no soy bueno para esto pero lo hago de corazón (gracias a El Edén por quitarme el miedo a escribir poesía, o al menos intentarlo)...

Versión poema de "Eterno sueño de un amor olvidado"

I
Te encontré en un mundo
sumergido en ilusiones del olvido,
en fantasías perdidas.
Allí los sueños no existían.
Ese mundo era el Sueño.

Tú eras la reina de ese mundo
gobernado por la imaginación.
De pie sobre los cimientos del fin,
sobre pensamientos e ideales,
donde morían los fracasos humanos,
mirabas al suelo con una lágrima en tus manos.

II
Altanera tu belleza
olvidada por los hombres,
reyes de la codicia.
Te vi y me enamoré.

Miles de palabras flotaban,
sin significado vivían.
La brisa mi tristeza se llevaba,
en la oscuridad acabaría.

Tú a mi lado,
generabas una certeza:
las penas no volverían
por el resto de mis días.

III
Tus ojos, negros y profundos,
ventanas de la felicidad.
Tu corazón, motor del mundo.
Tu amor, fuente de la eternidad.

Tu amor, sincero.
Tu amor, rey de la humanidad.
Sobre las ruinas del ser humano
en la historia aseguramos
la destrucción de la verdad.

La historia tiene un final.
Nada existe por siempre.
Solo tu belleza es eterna.
Solo tus caricias son infinitas.

IV
Tus besos no olvido,
tu mirada aún veo.
En ese mundo perdido,
te pedí un deseo:
morir a tu lado
como un loco enamorado.

V
En el aire está tu sonrisa,
me observa solo a mí.
Me tocas con tu brisa
en ese mundo soy feliz.

Algún día volveré
y como un hombre te amaré.
Es lo que quieres,
es lo que anhelo.
Eres la reina
de mis noches en desvelo.

FINAL
Este poema es para ella,
de mis fantasías es la estrella.
No existen palabras ni doncella
que se comparen con su belleza.



...fin de otra locura.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Recuerdos e imaginaciones

Antes de comenzar a leer: este es uno de esos relatos que escribo en momentos raros, por decirlo de alguna manera, en mi vida. A veces cuesta entenderlos y pocas veces se es capaz de llegar hasta el final por lo denso de sus palabras. Yo lo veo como un relato un poco pesado y carente de agilidad en su lectura. Pero, como la mayoría de lo que escribo, termino por volcarlo en el blog y que sea lo que deba ser. Al fin y al cabo, tuve que invertir tiempo en su escritura.
No sé en qué estaba pensando cuando lo escribí, digamos que me tocó un fin de semana largo sin televisión ni internet en la casa de mi tía mientras ella disfrutaba de la Semana Santa en la playa de un lugar que no conozco ni me interesa conocer. 

Una vez más: que sea lo que deba ser...



Recuerdos e imaginaciones


Imagen tomada de aquí.


1
    Las historias de amor en las novelas baratas de puestos de diarios y en las telenovelas de la tarde siempre son perfectas. «Romeo y Julieta», por ejemplo, es magnifica, una historia donde el amor es el único protagonista; impecable, una obra maestra de todos los tiempos, pero irreal.
   Me pregunto por qué será que leo demasiado; creo que la respuesta es sencilla: necesito huir de la realidad y de los peligros que esta representa por no contener esas historias perfectas, historias donde los malos son verdaderamente malos y los buenos muy bondadosos a los que todos los lectores o, en caso del cine y televisión, idiotas, aprecian más que a sus propias vidas.
   Mis historias no logran la perfección y no pretenden alcanzarla, se conforman con estar ahí, en unas hojas esperando a que alguien les dé vida con su lectura. Si fueran perfectas nadie creería sus palabras, como en «Romeo y Julieta», es tan perfecta que todos llegamos a deducir que tal amor jamás existirá en nuestro mundo inerte, y eso es algo que tuve que aprender para seguir adelante. Estoy seguro que pocos creen en mis palabras y no me importa, hace tiempo que he dejado de ser el escritor que conocieron, ese ser romántico que llegó a enamorar a las adolescentes de toda la ciudad con sus palabras.
   Es hora de contar una historia en la que soy protagonista, no creo que sea el héroe que todos buscan ni es la historia modelo que muchos anhelan leer. Es solo una lágrima de desahogo donde las esperanzas no existen y el amor es solo un concepto que los hipócritas utilizan para sobrevivir en un mundo sin sentido ni razón pero también es el motor que necesitamos para creer que hay algo más allá de todo, nuestro motor de todos los días. En esta historia tuve que creer en lo que veía y sentía y abrir los ojos para renovar mis esperanzas. Estas palabras son mi única salida para regresar al pasado por última vez.

   Mi nombre es Santiago Alvear, como muchos ya sabrán, un escritor novato pero reconocido, y les voy a relatar un episodio inolvidable en mi vida, un momento en el que ya no creía en el amor y en la felicidad eterna. Les voy a contar cómo llegué a convertirme en este escritor sin futuro ni planes de vida. Solo me conformo con vivir en mis historias, allí me siento seguro pues soy el dios que crea y destruye a su voluntad su mundo de fantasías, como el Dios al que los cristianos adoramos. Hoy necesito volver a mi pasado y el mejor método para hacerlo es escribiendo mientras mi mente se adentra en las palabras y vuelvo a encontrarme con ella, un viejo amor si no el único en toda mi existencia.

martes, 4 de septiembre de 2012

Cuenta Regresiva

   Este es uno de esos relatos que ni siquiera llego a comprender una vez leídos después de un tiempo de haberlos escritos. Viene por el lado de lo que sentía al escribirlos. Por lo tanto, no me siento yo mismo al editarlo o hacerle algo, sin embargo, es uno de los que tienen la oportunidad de ser leído por alguien. No es de mis favoritos, sin dudas. 



    A veces voy a veces vengo. Muchas veces ni yo me entiendo.
    El mundo que gira a mi alrededor rara vez se encuentra en sincronía con mi locura. Es el mismo mundo que cada día se aleja más de mí, expulsando al paraíso de la Eternidad.

    Se hallaba al borde del precipicio al tiempo que su cuerpo se debatía con su mente: uno deseaba morir, el otro anhelaba vivir. El sol asomaba en el horizonte mientras bañaba con su calor naranja los ojos del cobarde que temía a la vida.
   Dio un paso adelante y se detuvo cuando no hubo más suelo para pisar. Una piedra se desprendió del borde y cayó inerte al abismo, donde la oscuridad aún reinaba. No hubo sonido, no hubo quejas, solo un silencio que se expandía hasta el final del paisaje.
   Levantó su mirada para observar un nuevo amanecer, todos los días parecían iguales pero no lo eran: siempre existía una variable capaz de alterar hasta la más poderosa constante del tiempo. Dentro de sí, en su corazón, sabía que no habría más oportunidades para cambiar las líneas que lo gobernaban mientras se dejaba existir a través de la Cuenta Regresiva.

   Me cansé de estar aquí cuando en realidad pertenecía a otro sitio. Me cansé de acercarme a ella aun cuando sabía que le correspondía a otro hombre. Quise entregar mi alma a cambio de un beso pero su valor era incalculable para un momento tan efímero de los labios de una mujer.
   No supe encontrar las palabras adecuadas para hablarle y me conformé con el silencio que brotaban de mis ojos. Solo ellos pudieron decirle lo que sentía por ella dibujando las letras con lágrimas secas.
   Me cansé de vivir una vida oscura como el interior de un corazón vacío. Me cansé de regalar mis ilusiones a la humillación de amar a escondidas. Hoy es el día en el que mi vida completa su círculo.

   Pensaba en lo que había hecho; ¿había sido suficiente como para satisfacer su hambre de materializar sus ilusiones o demasiado poco como para desvanecer sus esperanzas? No sabía la respuesta y dudaba si necesitaba de alguna respuesta. Las cartas estaban echadas: la Reina se encontraba sobre la mesa dirigiendo su mirada hacia él; los ojos de ese hombre se inundaban de lágrimas.
   No sabía con certeza las consecuencias de su error. Ahora solo la altura que lo separaba de la muerte podría purificar su corazón y devolverle la vida que había perdido tiempo atrás, cuando las esperanzas eran el motor de las ilusiones y las ilusiones eran las detonadoras de la depresión.
   Extendió sus manos a los lados y se dejó acariciar por una joven brisa del paisaje. No sonrió, no había necesidad de hacerlo. El reloj seguía marchando, o tal vez ya se había detenido. No lo sabía.

   Hoy iré a su casa y le diré todo lo que siento por ella. No usaré palabras extrañas ni daré vueltas como lo hace ella alrededor de mi corazón. No tengo nada más que pueda perder. La victoria no es más que una mera utopía: sería más fácil tocar el cielo que rozar sus labios. Sería más fácil, de eso no hay dudas.
   Ella es fácil, para otros. No me deja demostrarle mi amor. Solo eso sé hoy. Mañana será otro día.
   Es el momento de continuar. La vida es un conjunto de sucesos que se ensamblan en el transcurso del tiempo para construir el camino hacia nuestro único final seguro: la muerte. La vida es lo único verdaderamente valioso que no sabemos apreciar.

   Bajó sus manos y se las miró. Todavía había sangre de ella y de sus padres. No había podido resistir la negativa de la única mujer que había amado y aún amaba. No había podido resistir el poder del rechazo y la locura había absorbido su amor sediento de pasión.
   La pasión, veneno de la piel, se expresó en todo su esplendor cuando la sangre comenzaba a emanar de las heridas que crecían cuando la cuchilla continuaba su desgarrador trayecto dejando al descubierto los órganos del cuerpo de la víctima. La pasión era de color escarlata. El rostro del asesino estaba salpicado de muerte, de una cruel y tibia muerte.
   Todo era parte de un recuerdo borroso, cubierto de una niebla hipócrita de la inocencia de los culpables. Él sabía que no quedaba nada que lo arrastrase hacia la salvación. Se puso de puntas de pies y se inclinó hacia delante. No había familia (habían muerto en un accidente de tránsito hacia una década), no había amigos, no había tíos ni abuelos ni primos ni un conocido que llegase a extrañarlo algún día. No había nadie que se percatase de su ausencia en el mundo que estaba por venir y él no vería jamás.
   Se lanzó al vacío, dejó que la gravedad hiciera el resto del trabajo pero alguien lo interrumpió tomándolo de la cintura y deteniendo la inminente caída hacia el final apaciguador.
   —Es el momento de que pagues por lo que has hecho —dijo una voz masculina en un tono muy severo—. Algo peor que la muerte de quienes la desean es vivir la vida que desprecian. Tu castigo por matar será vivir para que sientas a tu cuerpo envejecer y debilitarse. El tiempo será tu cruel torturador y te destrozará lentamente hasta que dentro de tu cabeza comprendas que pudiste haber tomado otra elección. Te acabará y apuñalará con cada uno de sus segundos, oirás el verdadero poder del reloj. Oirás el susurro de la muerte a cada minuto.
   —Ella está muerta, soy el culpable y me merezco el peor de los castigos. Quiero volver a verla—dijo él mientras miraba el oscuro abismo extenderse ante sus ojos. Quien lo tenía tomado era alguien con demasiada fuerza pero no le importaba. Nada le interesaba.
   —Volverás a verla, pero eso sucederá cuando hayas pagado el precio de tres vidas con tu propia sangre. Eso tal vez nunca ocurra; como te he dicho: solo el tiempo sabe lo que pasará cuando tus ojos no puedan ver lo que hay en el horizonte. Disfruta este amanecer porque será el último que verás.
   El hombre le tapó sus ojos y luego lo sumió en una profunda oscuridad, procurando que él no vuelva a ver jamás la luz. Ese fue su castigo por entregarse al amor, el indomable de los corazones débiles y mentes corruptas de una vida frágil.

lunes, 9 de julio de 2012

Fragmentos de un amor que no se olvida




CADA VEZ ES DIFERENTE; CADA VEZ ES LO MISMO:
   Cada vez que te veo siento que todo el mundo desaparece a tu alrededor y ya no me importa nada más salvo tú. Cada vez que me hablas siento que mi cuerpo viaja a un paraíso donde estamos solos tú y yo. Cada vez que me tocas siento que mi piel quiere tenerte conmigo para el resto de la eternidad. Cada vez que estás cerca de mí, mi vida vuelve a tener sentido, aunque este no sea el correcto. 
   Sé suficiente de ti (conocimientos que desearía olvidar y no perderme siempre en los mismos caminos de la decepción de estas letras) para saber que nunca podré tenerte en mi cama cada vez que despierte, pero qué puedo hacer: las ilusiones inundan mi mente y los sueños resplandecen en mi alma al tiempo que mi corazón estalla de amor. Siempre.
...LAS MISMAS PREGUNTAS SIN RESPUESTAS. EL CUERPO NO CUESTIONA, SIENTE, IMAGINA, VIVE...
   ¿Cómo hago para borrar todos esos sentimientos de mí? ¿Cómo hago para olvidarte si estás grabada en mi memoria con el fuego de la esperanza? Esas son preguntas que no puedo responder y no porque no sepa las respuestas sino porque no las quiero escuchar. 
   No tengo miedo a formularte la pregunta que podría cambiar mi vida, sólo le temo a la respuesta que me puedas dar. Sé que debo cambiar porque la distancia entre mi alrededor y yo se hace cada vez más grande. Ya no soy capaz de ver el horizonte porque no existe ante mis ojos. Ya no soy capaz de medir el tiempo porque este se detuvo cuando te vi la última vez.
…PENSAMIENTOS DE SENTIMIENTOS FRUSTRADOS, EL MIEDO A VOLVER A FALLAR PUEDE REGRESAR AUNQUE...
   Ahora mismo mi cabeza funciona más rápido de lo que son capaces de pensar mis manos y me cuesta volcar estas palabras en el teclado con facilidad. ¿Hasta qué punto soy capaz de llegar antes de aceptar que no eres mía? ¿Hasta qué momento soy capaz de perder antes de aceptar que no eres parte de mi destino (al menos como yo te quiero)? Te necesito pero no soy capaz de decírtelo porque no tengo la valentía que antaño me acercó a ti cubierto de sonrisas y alegrías que lentamente se fueron borrando cuando las ilusiones morían al descubrir que tu corazón le correspondía a otro; luego me ahogaba en mi mar de tristeza y caía dentro del pozo de la soledad sin la intención de detenerme y procurando que nadie viniera a salvarme.
   No soy capaz de abrazarte porque sé que tendría que luchar contra la necesidad de sentir tu calor hasta el fin de los días.
...HOY ES EL ÚLTIMO DÍA...
   Hoy me encuentro sentado al monitor con un papel a mi lado en el cual garabateo tu nombre con mis lágrimas, buscando palabras que puedan describir con precisión lo que recorre mis venas cuando te pienso, cuando te siento, cuando te recuerdo, cuando la nada es el todo y el resto eres tú: mi todo. 
   Hoy, por volver a verte lo daría todo, porque si no estás aquí ya nada tiene sentido. Quiero que todo desaparezca para traerte a mi lado, que valga más de lo que puedo pagar. Quiero que todo se borre y solo quedemos los dos amándonos hasta el fin de los tiempos.
...EN EL QUE LA AMISTAD CUESTIONA MIS ACCIONES...
   Mis amigos deben entender que no hay otra mujer, ellos deben comprender que mi encierro me libera de las cadenas de la libertad porque la libertad sin ti es solo es un sueño de los que duermen sin soñar, despiertan sin imaginar y viven sin fantasías. Ellos deben comprender que mi cárcel es tu ausencia, tu silencio y tu partida hacia otros brazos. Ellos, mis amigos, no saben que vivir sin un amor es como si el corazón no tuviera una razón para latir. Ellos no comprenden que, cuando no estás aquí, eres tú la que me ayuda a continuar hablándome desde el interior de mi mente sin reacciones.
...PORQUE JAMÁS LOGRARÁN CAMBIAR MIS RAZONES PARA CONTINUAR....
   Es posible que hoy no esté bien. Es probable que algún día quiera continuar sin ti a mi lado aunque ahora lo dudo, pero de algo estoy seguro: jamás dejaré de amarte, aunque tenga al mundo en mi contra y yo sea mi peor enemigo.
...AUNQUE YA NO ENCUENTRE EL CAMINO PARA RETORNAR A MI HOGAR.
   Al final sé que puedo vencer.



miércoles, 20 de junio de 2012

El fin de los tiempos (Capítulo X)


   Antes de comenzar digo que este es el último capítulo que escribo. Debido al poco tiempo que le he dedicado decidí darle un punto y aparte para dedicarme más a otras cosas y, aunque no sean muchos los que me lean, lo termino por un lado por ellos y por el otro por mí: debo demostrarme que soy capaz de terminar lo que comienzo. Nunca se sabe lo que puede pasar más adelante, al final del capítulo verán a qué me refiero. Espero no haberle errado mucho con este capítulo, es que me alejé demasiado de la línea argumental que tenía en mi cabeza...
   Gracias a los que me leen, es lo que me ha dado ganas de seguir un poco más, pero estas últimas semanas estuve metido en otras cosas, la facultad por ejemplo y el trabajo, así que vamos a parar un poco de cosas grandes. Todavía me sorprendo de lo lejos que llegué y del largo camino que todavía me queda aunque termine leyéndolo solo me pica la curiosidad de saber cuán lejos soy capaz de llegar.Pero eso lo dejo para otro momento, cuando sepa fraccionar el tiempo.
   Veamos entonces cómo termina esto, lo más extenso que llevo escribiendo...


X. LA PUERTA

1
    Raúl se bajó de la camioneta; luego de verlos a los dos tan ardientes sintió fuertes ganas de meterles una bala en la cabeza a cada uno. Al fin y al cabo aún quedaría una para Estrella. Así que desenfundó su arma y les apuntó a la cabeza.
    —¡Manga de traidores, nos dejaron ahí condenados a morir! Huyeron como unos cobardes luego de todo lo que les dimos.
    Armando se apartó de Aylén y dio un par de pasos atrás.
    —Raúl, perdón. Es que no sé qué me pasó. Tuve miedo y necesité escapar, no sé, es lo que sentí. Era lo único que podía hacer. Y sé que estuve mal pero necesitaba vivir. Quiero vivir. Solo podía escapar.
    —Y porque escapaste Clara está muerta. Y porque vos, Aylén, la desmayaste y no tuvo oportunidad de reaccionar a los ataques de ellos, no supo nada hasta que fue demasiado tarde.
    Se oía de fondo el sonido del patrullero y de los «controlados» acercándose al bosque.
    —Raúl, no tenemos tiempo. Debemos huir.
    —¿Cómo pretendés huir de ellos?
    —Con la llave que tenés —dijo Aylén—. Con ella podés abrir la puerta que Nicolás abrió naturalmente. Esa puerta. ―Señaló el cilindro―. Vi el símbolo, así me cerró todo.
    —Es cierto pero solo puede ir una persona. Y es obvio que seré yo.
    Raúl se acercó aún más a ellos.
    —Váyanse, no quiero volver a verlos. Iré por Nicolás y lo llevaré a un lugar seguro, alejado de estos invasores. Y de ustedes.
    —Pero, Raúl, no entendés —dijo Aylén—. Lo hice para proteger a Nicolás.
    —Lo sé, por eso te estoy dando la oportunidad de irte.
    —Quiero ir con vos.
    —No se puede. Debo hacerlo solo. Donde sea que esto me lleve, no hay lugar para dos. Debo encontrar a Nicolás y cuidarlo ahora que su madre está muerta.
    Aylén miró hacia el exterior del bosque. ¿Por qué no entraban hasta allí?
    —Creo que no pueden acercarse. Debe ser la energía de esta cosa —comentó Aylén.
    —Me parece que el sitio está protegido por un campo de fuerza que no los deja atravesarlo. Cuando entraba al bosque vi como si el aire estuviera viciado, creo que esa es la fuerza que los retiene ―dijo Armando mientras pensaba en su teoría, parecía lógico aunque no tenía sentido que hubiera algo allí capaz de retener a esas cosas.
     Raúl recordó lo que había dicho Estrella a uno de sus súbditos: el poder de ellos allí era casi nulo. No podían acercarse más.

   Estrella se sorprendió al descubrir que no podían atravesar ese campo de fuerza. Lo que sea que hubiese allí era demasiado poderoso y no los dejaba entrar al bosque. Lo mejor era destruir la zona, pero no lo podían hacer hasta estar segura de que Nicolás estuviera encerrado.
     Gritó de rabia el nombre de Aylén.

    Aylén se sobresaltó al oír su nombre, era Estrella.
    —Creo que tenés una enemiga —comentó Raúl, y se acercó al cilindro.
    —Nos quedaremos acá —dijo Aylén—. Este lugar es seguro.
    Raúl asintió. Lo dudaba, pero no necesitaba decírselo a ella, ya lo sabía.
    Armando lo miró y luego agachó su cabeza.
    —¿Qué pasó con Juan? —logró preguntar débilmente.
    —Se lo llevaron. No sé adónde, pero ahora es parte de ellos. Es lo que hacen: les lavan la cabeza y se vuelven soldados de la extinción. No se merecía ese final.
    Raúl se sacó la llave de su cuello y la acercó al símbolo grabado en el cilindro. La llave comenzó a brillar, primero débilmente y luego con intensidad. Era tan fuerte que todo se volvió blanco por un momento.
    Aylén notó que la luz era la misma con la intensidad y duración que la que había provocado Nicolás. Donde fuera que llevase esa puerta no deseaba saberlo. Los ojos de Raúl les había dicho que tal vez no volvería allí.
    Raúl desapareció entre el brillo ahora más intenso de la luz. Cuando la noche volvió a la normalidad todo parecía haberse acabado.
    Armando estaba mirando anonadado hacia el cilindro cuando su cabeza estalló en decenas de pequeños trozos. Aylén se arrojó al suelo mientras gritaba de terror. No podían entrar al bosque pero eso tampoco les privaba de utilizar rifles hechos por humanos, ya que no serían afectados por el campo de fuerza.
    —¿Qué se siente, Aylén? —preguntó Estrella, desde algún lejano lugar fuera del bosque—. ¿Qué se siente saber que todos los que te rodean están cayendo uno a uno? Nunca debiste interferir en nuestros planes. El final de ellos habría sido otro pero no, tuviste que meterte en asuntos que no te correspondían.
    Aylén respiraba agitada, cansada. Se echó a llorar. Ya no tenía fuerzas. Allí estaba segura pero por cuánto tiempo. Pronto encontrarían la manera de destruir la puerta desde afuera. Pronto sabrían que Nicolás no estaba allí y se resignarían a acabar con todo. Si no lo podían tener ellos no lo tendría nadie. Así se manejaba el mundo y dudaba mucho que eso hubiera cambiado. A los invasores no les importaba destruir lo que fuera.
    Miró el cuerpo tendido de Armando, él tampoco se merecía morir así. Ninguno se merecía morir. Tenía una vida por delante y murió sin enterarse. Sus pensamientos fueron interrumpidos para siempre. Todo estaba condenado a acabarse de esa manera, casi sin darse cuenta.