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martes, 6 de septiembre de 2011
Rosa Negra
Oh, Rosa Negra. Estás muriendo por la sequedad de tus lágrimas. Tus pétalos caen acariciando la brisa que envuelve el amor del cofre de la inseguridad.
¿Quién te ha dicho “NO”?
Estás marchitando tus buenos momentos por un error de la ceguera de un ciego que no quiere ver. Tus espinas ya no duelen; olvidaron cómo crear heridas en los labios; olvidaron cómo besar; olvidaron cómo liberar su pasión.
Oh, Rosa Negra, no te entregues al fracaso de la vida. Oh, amor mío, déjame entrar en ti y enseñarte a amar.
Rosa Negra, estás deshojándote en el olvido de un mal amor.
Yo no te miento: yo te sabré amar.
Él no te ha visto a los ojos, él no te ha oído. Perdónalo por equivocarse, olvídalo y déjame ser el agua que necesitas beber; déjame regalarte mi vida; déjame oler tus caricias.
Él no merece tu sufrimiento. Déjalo en el pasado. Y recuerda:
yo nunca te diré “NO”.
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Cristian Barbaro
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sábado, 6 de agosto de 2011
Nacida del estímulo de una canción
“El amor de mi vida”, dice
la canción de Queen al tiempo que algo surge en mi cabeza, tal vez
sea un sentimiento, tal vez un pensamiento. No sé, se me hace
difícil diferenciar entre ideas y sentimientos. A veces van en un
sendero demasiado estrecho, uno a la par del otro. Eso hace difícil
distinguirlos como dos entes separados, parecieran ser cuerpo y alma
fundiéndose para formar la unidad que muchos llaman amor, parecen
sólo uno.
He aquí donde surge mi duda: ¿el amor piensa? No lo creo, pero sí creo que los que aman piensan (eso se los debo ya que yo nunca he amado, aunque he convivido con seres que han amado. El amor no existe para mí, es sólo una idea para equiparar el odio que nos rige. Que en mí no haya existido el amor no quiere decir que algún día pueda existir). En fin, el cielo está en el suelo, y yo voy buscando un ángel que me regale un beso cuando llegue a casa. Alguien que se ría y llore conmigo, que comparta mi felicidad y mi tristeza.
Hoy quiero llegar a mi destino y que un abrazo me esté esperando al otro lado de la puerta. Sé que no podrá ser; si yo no creo en el amor, éste sencillamente desaparece de mi vida. Percepción de realidades, podríamos decir.
No sé, quiero llegar a casa. A esa casa que llamo hogar. Quiero que el amor se expanda allí dentro como si fuese un gas venenoso —para el corazón—. Sigo buscando a ese alguien que sea capaz de escribir en mi alma las palabras "TE AMO", sigo creyendo en mí y en que podré crecer para dejar las puertas de mi casa abiertas y mi corazón a merced del cambio...
He aquí donde surge mi duda: ¿el amor piensa? No lo creo, pero sí creo que los que aman piensan (eso se los debo ya que yo nunca he amado, aunque he convivido con seres que han amado. El amor no existe para mí, es sólo una idea para equiparar el odio que nos rige. Que en mí no haya existido el amor no quiere decir que algún día pueda existir). En fin, el cielo está en el suelo, y yo voy buscando un ángel que me regale un beso cuando llegue a casa. Alguien que se ría y llore conmigo, que comparta mi felicidad y mi tristeza.
Hoy quiero llegar a mi destino y que un abrazo me esté esperando al otro lado de la puerta. Sé que no podrá ser; si yo no creo en el amor, éste sencillamente desaparece de mi vida. Percepción de realidades, podríamos decir.
No sé, quiero llegar a casa. A esa casa que llamo hogar. Quiero que el amor se expanda allí dentro como si fuese un gas venenoso —para el corazón—. Sigo buscando a ese alguien que sea capaz de escribir en mi alma las palabras "TE AMO", sigo creyendo en mí y en que podré crecer para dejar las puertas de mi casa abiertas y mi corazón a merced del cambio...
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martes, 2 de agosto de 2011
Soy tu idea
Déjame huir de esta cárcel de cristal. Quiero sentir tus labios en todo mi ser. No esperes, el tiempo es valioso. Cierra tus ojos y déjate llevar por tus instintos, por mis palabras.
No hay demasiado por decir: soy la idea que gira dentro de tu copa mientras esperas a que el tiempo pierda su valor. Soy lo que no quieres ver; soy tú. Entrega tus labios a mi ser.
Déjame huir dentro de tu cuerpo. Déjame borrar tu memoria con mi aroma. Déjame morir en tu calor. Déjame ser libre.
Para El Edén de Los Novelistas Brutos, de Cristian Barbaro. Ejercicio de Literatura.
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Cristian Barbaro
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Microrrelatos
sábado, 30 de julio de 2011
Una historia llena de nada para contar
—¿Por qué tenés esa cara de boludo, Negro? —le preguntó el Ruso, sentado en un banco de la Plaza Principal.
—No, por nada. Es que..., ¿cómo decírtelo? No sé, hay algo que me está saliendo mal —contestó el Negro.
—Ah, ¿sí? Qué raro. Viniendo de vos, que sos pura ternura y seguridad —acotó el Ruso.
—Ése es el problema. No estoy seguro de lo que estoy haciendo, mis dedos no están seguros. Mi proyecto no me está saliendo para nada bien. Desde hace una semana, todo se me fue al carajo. Malditos sucesos
—¿Qué proyecto? ¿Qué dedos? ¿Qué sucesos?
—De a una pregunta por vez. Un relato es mi proyecto. Hace dos semanas que lo empecé y todavía no pude terminarlo. Y eso que sólo serán dos mil palabras. Y mis dedos son los que escriben mis relatos, ellos son mi vitalidad...
—Ah —lo interrumpió el Ruso—, es muy raro, vos no sos así. Jamás dejaste nada sin terminar hasta donde sé. Vení, sentate al lado del Capo y contale qué te anda pasando —dijo el Ruso señalando el banco.
—Si no me interrumpís como recién te cuento todo lo que me pasó. —El Ruso asintió procurando cerrar su boca por un rato. El Negro continuó—: La culpa es del facebook, del puto facebook, y mis dedos, que se dejaron llevar por el poder del gigante de internet —comenzó recordando el Negro.
Era complicado resistir dos días sin conexión a internet pero no había otra posibilidad. Debía sacrificar ese lujo para terminar todas las tareas pendientes que estaban al borde del límite temporal. Llevaba una semana de vacaciones y aún no se había puesto las pilas para terminar todo lo que había comenzado. Pero no pudo resistir la restricción. A las dos horas desde que hubo desconectado su notebook de internet volvió para revisar el facebook. El Negro quería saber qué estaba haciendo ella. Ella, que siempre relataba el minuto a minuto de su vida en el facebook como si fuese el Gran Hermano, estaba a cien kilómetros de distancia de él. ¿Y para qué mierda crearon la internet? Creo que para mantenernos comunicados.
—Bueno, en realidad, eso era cosa de los telégrafos —dijo el Negro a la habitación vacía.
Abrió el navegador de Google, que ya estaba configurado para que inicie en facebook.com, y miró por quince minutos el muro de su facebook. Todos estaban metidos con el juego ése que nadie quería jugar pero que terminaban haciéndolo, atrapados por sus redes de la curiosidad, el CityVille. El Negro también jugaba al CityVille pero en ese momento no era su prioridad. ¡Opa! Una publicación de ella. Notó que había cambiado su foto de perfil, en ésta parecía más gato (en su lenguaje vulgar). Cliqueó sobre su nombre y vio la imagen de perfil con mayor detalle. ¡Por Dios! La imagen estaba tomada desde un ángulo superior, sobre ella, llevaba mucho escote y el Negro sintió un leve hormigueo en la entrepierna cuando vio que tenía las tetas casi al aire, al borde de los pezones. “¿Y de esa mina trola estoy enamorado yo? Y la puta madre que me parió”, pensó azorado. No había salida, ahora estaba atrapado por las garras del gato de facebook.
—Y pensar que una vez publiqué un relato en su honor en el Blog de Los Escritores del Fracaso. Toda loca resultó ser esta mina. —Negó con la cabeza. Estaba bastante enamorado (o caliente, tal vez) para saber cuál sería su siguiente paso, si había un siguiente paso en un proyecto que no tenía ni pies ni cabeza.
Nadie se da cuenta del tiempo que transcurre cuando está conectado a la internet. Y mucho menos se dan cuenta del tiempo que se pasan haciendo absolutamente nada en el facebook, que es mucho más que el tiempo que están en el resto de la internet. Y pensar que entra más gente a las redes sociales que a las páginas pornos, qué mala leche. Cómo se caga nuestra nueva generación. Ya ni libros se podrán leer (o sentir, mejor dicho) con esto de los e-books.
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Cristian Barbaro
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Relatos,
Relatos Restringidos
lunes, 25 de julio de 2011
Fantasmas en el pasillo
-¿Qué te sucede, Peter? ¿Por qué tienes esa cara de perro golpeado? -le preguntó Juan.
-No sé si me vas a creer si te cuento lo que vi anoche -le dijo éste a Juan, se notaba en su rostro que el miedo había pisado fuerte y había dejado sus huellas en su cara de malsano adolescente.
-Venga, Pete, cuéntame qué viste anoche.
-Bueno, yo estaba en la pensión. Estaba absolutamente solo, yendo de aquí para allá, sin nada para hacer (eso sucede cuando estás de vacaciones y muy aburrido). Estaba oyendo a Andrés Calamaro para relajar mi cuerpo cuando oí un estruendo que casi me hizo cagar hasta las patas.
-¿Qué era el sonido?
-No sé, creo que era pirotecnia de los hinchas de fútbol; hoy tienen un partido importante, ambas partes se enfrentan en el clásico de la ciudad.
-Sí, es cierto. Ojalá que el Lago descienda a la B. Son unos inútiles...
-Cálmate, Juan, que yo soy del Lago. Un poco más de respeto pido, por favor -le reprochó Peter.
-Está bien -dijo Juan levantando las manos, como si intentase liberarse de un crimen que sí cometió-. Sigue con tu relato.
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Cristian Barbaro
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